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Las brujas si existen?

a Inquisición y las brujas
Se considera como tal a las actividades que tienen como común denominador el ejercicio de un poder sobrenatural siniestro, ejercido por personas que vivían sometidas al demonio. Generalmente sus practicantes, supuestos o reales, eran mujeres. También se le conocía como hechicería o magia negra. Entre las principales razones para acudir a la ayuda de las brujas predominan los desórdenes sexuales -tales como adquirir filtros para seducir a la persona deseada-, suscitar calamidades y daños contra enemigos o rivales, invocar a los muertos y, en general, para resolver todo tipo de problemas.
No todas las brujas seguían las mismas prácticas, pero las siguientes eran las más comunes: la bruja reniega de Cristo y los sacramentos realizando un pacto con el demonio, en cuyo honor realiza ritos diabólicos en los que hace una parodia de la Santa Misa o de los oficios de la Iglesia, adorando a Satanás, príncipe de las tinieblas, al cual le ofrece su alma a cambio que le diese poderes sobrenaturales. Así, la brujería está directamente relacionada con el satanismo.
 
"La hechicería se vivía como una verdadera amenaza en el seno de la comunidad, las convicciones relativas a la magia estaban profundamente arraigadas en la vida social. Para el hombre común la hechicería resulta un complejo ideológico capaz de aportar soluciones a gran parte de los problemas cotidianos. La acción del hechicero se desarrolla en dos direcciones, magia de protección y magia destructora: sanar enfermedades, deshacer hechizos, adivinar, proteger de los ataques, preparar filtros. Su posición social es ambivalente, el paso de una categoría benefactora a otra malhechora es producto del temor y sospechas que este poder levanta entre sus vecinos.
De acuerdo con este credo, los males no son un castigo de Dios por nuestros pecados, sino los ataques malintencionados de ciertas personas, y en consecuencia, se tomaba por muy real la explicación de que alguien podía estar provocando la desgracia. Quién mejor que el enemigo o el marginado para hacerse responsable del infortunio imprevisto, de su envidia o resentimiento podían ser víctimas no sólo personas adultas..." (2).
Este tipo de actividades se remonta a épocas inmemoriales y a las más diversas regiones del mundo a través de toda la historia de la humanidad. Coinciden con una concepción dualista. Según esta cada día y en cada lugar se enfrentan las fuerzas del bien (hijos de Dios) con las del mal (servidores del diablo). Cada una de estas tendencias efectúa sus ritos, tiene su organización, sus jerarquías y sus prácticas. Las brujas resultaban siendo servidoras del demonio, a quien le debían sus dones excepcionales. Según las creencias populares se les solía atribuir una serie de poderes, considerándolas capaces de producir plagas en las cosechas, tormentas, enfermedades o diversos tipos de daños en los enemigos de sus clientes incluyendo la muerte. Se les suponía expertas en la preparación de pócimas que tenían la facultad de hacer que el que las bebiese se enamorase u odiase a otras personas. Asimismo, se creía que podían transformarse o transformar a otros en animales, realizar vuelos nocturnos, hacerse invisibles, acceder a cualquier lugar por más lejano y seguro que fuese y que eran las responsables de las desgracias de los reyes, etc. Para realizar sus atrocidades se reunían, generalmente por la noche, en aquelarres, reuniones orgiásticas en las que se daba rienda suelta a todo tipo de abominaciones y que tenían como invitado de honor al propio Lucifer, representado por un macho cabrío. La brujería era una de las actividades más antisociales por lo cual, como sostenían Lutero y Calvino, se hacía merecedora de los más severos castigos.
 
"Las consecuencias que trae a una sociedad el hecho de que se crea objeto de actos mágicos constantemente son incalculables, pues todo su sistema de sanciones religiosas o legales, debe ajustarse al que podríamos llamar sentido mágico de la existencia" .(3)
Ya en el Antiguo Testamento se ordenaba que a las brujas se les condenase a muerte (Exodo, XXII, 18). Platón sostenía que a las personas que usasen de ella para hacer el mal se les debería aplicar igual sanción. Desde las más antiguas leyes romanas hasta las últimas previas a su cristianización se mantiene la condena más enérgica para estas actividades. Por mencionar tan sólo algunas persecuciones en contra de las brujas, que datan de entonces, podemos señalar las realizadas en la época de Constancio, Valente y Valentiniano I. En los primeros siglos del cristianismo fue muy poco reprimida pero, leyes como las del Codex Iustinianus (libro IX, título 18) sancionan con la pena capital a quienes celebran sacrificios nocturnos en honor del demonio.
A partir de la Edad Media la rigurosidad irá en constante aumento hasta llegar a su clímax en los siglos XVI y XVII. La brujería era sancionada indistintamente por las autoridades civiles como por las eclesiásticas. La persecución contra las supuestas o reales brujas fue una de las páginas más negras de la historia de la humanidad, que solamente en el siglo XVII en Inglaterra anglicana acabó con más de 50,000 personas quemadas en la hoguera mientras que, en Alemania la cifra se estima en 100,000. En este marco general cabe resaltar un hecho indiscutible: si en España y sus colonias no se llegaron a quemar brujas fue básicamente gracias al Santo Oficio.
Sobre la temática brujeril tuvo especial importancia la gestión del Inquisidor General Alonso Manrique, quien, además, había ordenado en 1526 la recopilación de la normatividad del Tribunal, bajo el título de Instrucciones antiguas, las cuales correspondían a la época de Torquemada y Deza. Manrique convocó a una congregación de teólogos y juristas para saber cómo proceder con la brujería:
 
"A pesar de esos amables magos (que son tal vez una excepción) la ideología «brujeril» es más a menudo maléfica que benéfica. A propósito de esto, Cohn ha incorporado algunos hermosos textos, brotados de la Suiza alemánica en los siglos XIV y XV. Encontraremos su equivalente más tarde entre los gascones en los tiempos de Carlos IX y de Enrique IV. Los brujos rurales de esas diversas zonas son siempre capaces de hacer el mal y el bien, a elección, sobre pedido. Pero se especializan de mejor gana en la primera rama de la alternativa; montan ataques, de cabo a rabo, contra el ciclo vital. Impiden el acto sexual por medio del anudamiento mágico de la aiguillette (rito de castración); luego matan al feto o al recién nacido (en las acusaciones de Sabbat, cocinadas por los inquisidores o los jueces laicos, ese crimen de infanticidio degenera en agravio fantasmático de antropofagia colectiva, la cual es practicada de manera ritual en contra de los niños pequeños). Los brujos la toman también con la salud de los adultos a los que gustosos les rompen los brazos o les destruyen la razón. La ofensiva contra la vida de los individuos se acompaña de un asalto general contra los bienes de la tierra. El brujo destruye las cosechas por medio del granizo, y las campanas por medio del rayo. Birla la leche de las vacas del vecindario para reforzar su propia producción lechera o mantequera. Da muerte por epizootias a los bueyes y ovejas de los ganaderos. La bruja vista por quienes la rodean toma pues la figura de una máquina de matar: ama de cría del bebé de su prójima, su leche se rebela mortal para el niño al que le da la teta; su aliento, su escupitajo, su mal de ojo aterran a los alrededores; las granjeras se quejan del deceso de sus perros de guardia, muertos por los mendrugos de pan que ella reparte en la perrera.
El brujo sin embargo no es sólo una fuerza de muerte: no pierde del todo los poderes de fecundidad que le asignaba Ginzburg. Como lo han mostrado bien las investigaciones realizadas en el Boscage normando, el brujo sólo se apodera de la fuerza del prójimo para acrecentar mejor la propia... hasta que surja un contra-brujo pagado por la víctima y que a su vez le sacará su fuerza al brujo para restituírsela a su primer propietario o para aprovecharla personalmente. Y así sucesivamente" . (4)
En España las primeras medidas represivas contra la brujería datan al menos de los siglos XIV o XV. Este tipo de actividades eran consideradas demoníacas. Se creía que las brujas realizaban en sus sesiones rituales nocturnas sacrificios humanos, especialmente de niños, invocaciones a los muertos, orgías que incluían la cópula carnal con el mismo demonio, quien solía ser representado en forma de un chivo. Parece ser que la peste negra, las epidemias, las sequías, etc., o, sencillamente, la crudeza de estos tiempos, hizo que se buscaran chivos expiatorios a los cuales responsabilizar por estos y otros males. Las supuestas brujas y los judíos resultaron siendo los principales perjudicados:
 
"No puede sorprender el que la Iglesia defensora del Dogma tuviese que adoptar una postura contra los hombres que se dedicaban al estudio o ejercicio de las artes o ciencias ocultas. Tal estudio podía crear la duda sobre lo que los libros sagrados indican sobre la historia de la creación; los pensamientos sobre espíritus astrales y humanos podían conducir a herejías, a buscar el trato con demonios o seres malignos, como brujos y magos intentaron hacerlo repetidas veces, y dar lugar a sectas que les rindieran culto" (5)
Sin duda alguna una de las páginas más vergonzosas de la historia de la humanidad fue la denominada caza de brujas que estalló con singular fuerza entre los siglos XVI y XVII. La locura colectiva provocada por aquella fue causa de la muerte de centenares de miles de víctimas inocentes, sobre todo en las zonas rurales, donde la ignorancia alimentaba todo tipo de supersticiones. El número total de las personas condenadas a la hoguera bajo este cargo en el siglo XVII, sólo en Alemania, ha sido calculado en más de 100,000; mientras en el mismo período para Inglaterra se estiman en cerca de 50,000. Anteriormente, en diferentes épocas, también se reprimió violentamente a las supuestas brujas:.
"Pero en Europa en su conjunto la locura brujeril tuvo su momento, particularmente después de haber recibido el apoyo de la autoridad de los reformadores protestantes. Lutero, Melanchton, Bullinger, Calvino y otros dieron su conformidad a persecuciones desconocidas en la Europa católica"... "Desde el siglo XIV al siglo XVII una autoridad pretende «que las víctimas... fueron millones, y se piensa que medio millón es una estimación muy moderada»" (6).
El primer brote brujeril de importancia en España surgió en la zona pirenaica y resultó decisivo para el accionar posterior del Tribunal. El juez Pierre de Lencre, consejero y parlamentario de Burdeos, sostuvo que numerosos demonios se habían refugiado en Labourd y el sur de Francia. Según dicho personaje, en estos sitios se estaban dedicando a sus oficios conocidos: matanzas de niños, destrucción de cosechas, celebración de aquelarres, etc. Una ola de pánico estalló en toda la región y repercutió en las cercanas localidades hispanas, extendiéndose a Zurragamurdi, el noroeste de Navarra y, seguidamente, a las Vascongadas y La Rioja. Una bruja arrepentida se presentó ante la Inquisición de Logroño y denunció a sus cómplices. Entonces el Tribunal comenzó inmediatamente a realizar las investigaciones que la situación aconsejaba, en el transcurso de las cuales más de 300 personas fueron inculpadas. De estas se detuvo y procesó a las que resultaron sospechosas, las que totalizaron 40. La lectura de las sentencias se realizó en medio de gran expectativa en el auto de fe efectuado el 7 y el 8 de noviembre de 1610, en que salieron un total de 53 sentenciados: 21 con insignias de penitentes, descubiertas las cabezas y con una vela en la mano (6 de los cuales tenían una soga en la garganta, señal de que serían azotados); 21 con sambenitos con aspas de reconciliados y una vela; 5 estatuas de difuntos; y 6 con sambenitos y corozas de relajados . De estos últimos al menos una, la bruja Endregoto, lo fue por haber matado a una persona, el conde de Aguilar. La vieja hechicera le había ofrecido al anciano -figura muy popular en la zona por sus obras caritativas- hacerle recuperar su perdida juventud. Lo que en realidad hizo fue darle a beber algunos brebajes, asesinarlo y hacerlo picadillo. El crimen despertó la indignación del Tribunal y la bruja fue quemada en la hoguera.
La Suprema ordenó revisar las actuaciones del tribunal de Logroño. Con tal fin autorizó al inquisidor Alonso Salazar y Frías, quien era miembro del mismo tribunal pero se había mostrado disconforme con la actuación de los otros inquisidores y había trasmitido sus objeciones a la máxima autoridad inquisitorial. Ya el teólogo Pedro de Valencia se manifestaba en contra de estas creencias y prácticas, en las cuales veía una farsa montada con la intención de dar rienda suelta a las más bajas pasiones. Salazar coincidía con él y rechazaba el supuesto poder de la brujería como mero producto de la imaginación de mentes desquiciadas o con intenciones de ganarse algún dinero en base a la ingenuidad del común de las gentes.
 
"Baschwitz ensalza la figura de Alonso de Salazar y Frías sentando la afirmación de que su informe de más de cinco mil páginas representa un trabajo digno de admiración, que guarda hoy un real valor científico. Considera que la labor de Salazar fue imparcial en amplias averiguaciones ante gentes afectadas por el delirio de la brujería y frecuentemente con el sentimiento de una propia culpabilidad que les había vuelto locos; llevando en su labor al interrogatorio de 1,812 brujos y brujas confesas y arrepentidas, y niños de doce a catorce años. Ochenta y dos se vuelven contra sus anteriores declaraciones y otros no lo hacen, no fiándose de la promesa de impunidad que les había sido concedida durante el período en vigor del decreto de gracia.
También recoge el hecho -ya citado por distintos investigadores- de cómo Salazar controlará pacientemente los datos relativos a los vuelos nocturnos, aquelarres y relaciones carnales con el diablo. Jóvenes que le hablarán de que deben asistir a un aquelarre en un lugar y hora determinada, enviará Salazar a dos de sus secretarios, que atestiguarán que no se había celebrado. Un grupo de jóvenes confesas de haber tenido relaciones sexuales con el diablo, serán objeto de un examen médico que determinará lo contrario. Los ungüentos que las brujas decían ser recetas del diablo, fueron analizados por farmacéuticos y revelándose que eran incapaces de producir el menor efecto y Salazar terminará su trabajo señalando que no encontró ningún dato que pueda deducir que el menor caso de brujería hubiera tenido efectivamente lugar" (8).
El Inquisidor General Manrique y los erasmistas creían firmemente, al igual que la mayoría de las personas de su tiempo, en la existencia de la brujería, sus aquelarres, ritos satánicos y celebraciones diabólicas. Por su parte, los anti-erasmistas sostenían que la brujería era fruto de la imaginación o la locura de las personas acusadas por tal motivo y que existía sólo en sus mentes. En 1526 el inquisidor general convocó en Granada una reunión especial de inquisidores para discutir el problema. Los informes del Inquisidor Salazar y Frías pero, sobre todo, su minucioso estudio de los sucesos de Logroño y la actitud de muchos ilustres teólogos y autoridades eclesiásticas e inquisitoriales, ánimo el debate. De tales deliberaciones surgieron algunas conclusiones significativas. Aunque la mayoría de los reunidos consideró como verdaderas las confesiones de las brujas, una minoría encabezada por el futuro Inquisidor General Valdés consideró que las confesiones eran poco más que engaños y, cuando tuvieron que decidir sobre la acción a emprender, la gran mayoría optó por una política benigna, incluyendo el envío de predicadores para instruir y evangelizar a la gente ignorante que era fácil presa de tales supersticiones. En la práctica la mayor parte de los testimonios de la existencia de tal delito fue rechazada por considerárseles engaños. Por lo tanto, contrariamente a lo que se cree, gracias al Tribunal del Santo Oficio, España se salvó de los furores populares contra las brujas y su quema, en una época en que tal conducta prevalecía en Europa. Ya Tuberville había señalado certeramente el significado que tuvo la reunión de inquisidores para el procesamiento de los casos de brujería por el Tribunal:
"En el momento en que en otros países de Europa se atribuía a las brujas el poder de producir la esterilidad y el tener costumbres de vampiros, por las cuales iniquidades eran quemadas, esta junta decidió que las brujas acusadas de maquinar la muerte de personas y de chupar la sangre de niños, no debían ser entregadas al brazo secular como asesinos, puesto que no había nada que probase en verdad que se hubiese cometido algún asesinato. Acordaron que la Inquisición era el cuerpo apropiado para conocer de los citados delitos de brujería, pero considerando que era mejor la prevención que la cura, llegaron a la conclusión de que el primer paso a seguir era el de enviar predicadores a que instruyesen al pueblo ignorante" (9).
Vale la pena recordar que aún en 1692, en Salem (Massachusetts), la sangrienta persecución contra las brujas cobraba nuevas víctimas. Indudablemente el puritanismo, con su remarcado énfasis en el pecado original y en el rol que desempeña el diablo, sirvió de alimento a las hogueras. Mientras tanto comparemos este accionar con el del Santo Oficio en estos casos. El procedimiento para los juicios por brujería difería poco del que se empleaba para los de herejía, con la sola pero importante diferencia de que la tortura estaba expresamente prohibida para el primer tipo de casos. Los castigos infligidos por la Inquisición eran mucho más leves que los que empleaban los tribunales seculares. En las Cortes de 1598 se acordó que los delitos de maleficios sean casos privativos de la Inquisición y que las demás autoridades judiciales se abstengan de intervenir en ellos. Después del famoso auto de fe de Logroño, realizado en noviembre de 1610, pocos juicios de brujería figuran en los archivos inquisitoriales peninsulares y no hay ninguno en el siglo XVIII. La conducta del Santo Oficio hispano frente a la brujería constituye uno de los más honrosos capítulos de su historia. Así, en el siglo XVIII, mientras...
 

"Las racionalistas Inglaterra y Escocia (con un total calculado en 300,000 víctimas), e incluso las colonias de América, quemaban brujas alegremente tras unos preliminares de repugnante crueldad, y Sir William Blackstone dictaba una ley en el sentido de que «negar la posibilidad, mejor dicho, la existencia real de la brujería es al mismo tiempo contradecir rotundamente la palabra revelada de Dios». En España, en cambio, la influencia moderadora del Santo Tribunal siguió predominando y, aunque ante él comparecieron unos cuantos casos, no se declaró culpable a ninguna de las acusadas.
Por este servicio a la causa de la humanidad y la verdad, la Inquisición española merece la gratitud de todos los hombres civilizados" .(10)
Por estas razones Gustavo Henningsen sostuvo que...
 
"La Inquisición podía haber causado un holocausto de brujos en los países católicos del Mediterráneo -más la historia nos muestra algo muy diferente- la Inquisición fue aquí la salvación de miles de personas acusadas de un crimen imposible" .(11)

Brujas, brujeria de verdad, Conjuros

  El escéptico H. Ch. Lea sostenía que las brujas no habían existido nunca, que habían sido un invento inquisitorial. La verdad discrepa mucho de la afirmación de Lea. Hoy nos inclinamos a creer que las brujas existieron, y existieron pese al desprecio de los inquisidores. Cuando se procesaron, lo fueron, casi siempre, pensando que se trataba de supercherías y engaños; se penalizaba la explotación de la ignorancia popular, pero muy pocas veces se asumió la brujería como problema competitivo en cuanto que, teóricamente, pudiera abrir una vía dialéctica con el más allá, al margen de la religión oficial.
  En España la caza de brujas fue una caza menor. La brujomanía en España fue de menor intensidad que en Europa, aunque quizá más prolongada en el tiempo.
  La Inquisición española se mantuvo al margen de la generalizada caza de brujas que se desarrolla en Europa en los años finales del siglo XV, a raíz de la bula: Summis desiderantis afectibus, de Inocencio VIII (1484) y, sobre todo, el Malleus Maleficarum, de Kraemer y Sprenger {1486), que sentenciaba contundentemente: Haeresis est maxima opera maleficarum non credere (la mayor de las herejías es no creer en las brujas).
  
La literatura antidemoniaca fue muy popular
en España en la primera mitad del siglo XVI como refleja el éxito de las obras de Castañega, Avellaneda o Ciruelo. Pero incluso en estas obras late un cierto escepticismo respecto a la brujería.
    Pedro Ciruelo, en su Reprobación de las supersticiones y hechicerías, contempla la doble posibilidad de que el contacto con el diablo sea real y puramente imaginativo:
   Horas ay que ellas realmente salen de sus casas y el diablo las lleva por los aires a otras casas y lugares y lo que allá ven, hacen y dicen, pasa realmente ansí como ellas los dicen y cuentan. Otras veces ellas no salen de sus casas y el diablo se revista en ellas de tal manera que las priva de todos sus sentidos y caen en tierra como muertas e frías y les representa en sus fautorías que van a las otras casas y lugares y que allá ven y hacen y dicen tales y tales cosas, y que nada de aquello es verdad, aunque ellas piensan que todo es ansí como ellas lo han soñado (1).
   El teólogo español del siglo XV Alfonso Tostado cuyos Comentarios sobre el Génesis se publicaron en 1507, planteaba que los delirios de las brujas se debían sobre todo a artificiales alucinaciones por la acción de ungüentos y estupefacientes.
   Esta actitud racionalista denota la Inquisición.
 
   En 1525, Fernando de Valdés, que luego será inquisidor general, siendo miembro del Consejo de la Suprema, impuso su criterio de aplicar a las brujas un castigo proporcionado a la calidad de la imaginación o según el efecto o propósito que tuvieren para apartarse de nuestra fe y atribuir al demonio la honra que a solo Dios debe. Valdés, por otra parte, puso el acento en la relación ungüento-maleficio, ratificando este mismo criterio en su actuación como inquisidor (2).
  La creencia apasionada en la realidad de las brujas, que se produce en Europa a fines del siglo XVI, sobre todo a raíz de la célebre Demonomanía de Bodino, publicada en 1580 y de la estela de obras suscitada (Bimfeld, Remy, De Lancre), tendrá una incidencia muy relativa en España. Sólo Martín del Aro (1599) y Juan Maldonado (1613) asumirán estos planteamientos.
  Pero fue una explosión demonomaniaca fugaz. El escepticismo de las actitudes del jesuita Pereyra, de Pedro de Valencia y, sobre todo, del inquisidor Salazar Frías en el caso de las brujas de Zugarramurdi, en 1610, magníficamente estudiado por J. Caro Baroja y C. Henningsen, es bien significativo (3).
  Salazar Frías creía que la mejor manera de actuar contra la brujería era ignorarla, el silencio más absoluto.
  La caza de brujas en España fue, pues, un fenómeno tardío, desganado y demográficamente poco relevante. Aun teniendo en cuenta que no conocemos el número de brujas procesadas por Tribunales civiles, posiblemente cuantioso -en la comarca de Vic, por ejemplo, según Pladevall, entre 1618 y 1622 serían procesadas por la jurisdicción civil un total de 45 brujas(4), la cifra de procesados por causa de supersticiones (término que incluye entre otros muchos conceptos el de la brujería, según J. Contreras, ascendería de 1560 a 1700, a 3.687 procesados (1.126 de 1560 a 1614 y 2.261 de 1614 a 1700) (5).


Problema en España

  
Después de 1700 la Inquisición seguiría incoando procesos a brujas, mucho después desde luego que en el resto de Europa se hubiera dejado de hacerlo. Incluso en las Cortes de Cádiz, el dominico Francisco de Alvarado defendía en 1813 la creencia en las brujas.
  Tardía y retardada, pero cuantitativamente pobre asunción de la brujería como problema en España en comparación con Europa. Julio Caro Baroja afirma con razón:
  Yo no creo que en España hizo Del Río mucha autoridad en la praxis inquisitorial. Los inquisidores eran más juristas que humanistas y teólogos. La jurisprudencia más o menos secreta que podían estudiar era grande, casi tan grande como el escepticismo de muchos de ellos, acostumbrados a ver imposturas y engaños en cantidad de actos hechiceriles. En el siglo XVII los españoles, por otra parte, no tenían gran fama como magos y hechiceros. Alguien sostuvo -con animadversión clara hacia el paísque el diablo no se fiaba de sus habitantes (6).
  Sólo en el suroeste de Alemania, de 1560 a 1670, según los datos de Delumeau, fueron ejecutadas 3.229 brujas; en Escocia, de 1590 a 1680, 4.400, y en Lorena, más de 2.000, de 1576 a 1606 (7). La suavidad represiva en España fue bien notoria. No fueron relajadas al brazo secular más que un 0,25 por 100 del total de los procesados por este motivo. La pena más frecuente fue la abjuración de levi, con destierro de seis años de la ciudad donde viviera.
  La absolución fue frecuente. La proclividad a creer en que las supuestas brujas habían bebido vino y que estaban enfermas de modorra es significativa.
  Incluso cuando el procesado de brujería confiesa haber tenido pacto con el demonio, la Inquisición advierte:
  Que no procede en estos casos por solo la forma de ser brujos y hacer los dichos daños, si no testifican de haverlos visto hacer algunos daños, porque muchas veces lo que dicen han visto y hecho les succede en sueños y juzgan se hallaron en cuerpo y lo vieron e hicieron con los que testiffican y les figura el demonio cuerpos phantasiosos de aquellos que dicen vieron sin ha verlos visto ni hallándose allí para que hagan esos daños de inflamar en peligro a los que no tienen culpa.
  
No conocemos la trayectoria de las causas de fe de brujería en España, salvo las de Cataluña y Valencia. En este ámbito se observa una periodificación estructurable en cinco etapas (8).
  La primera, circunscrita a los años 1560-1600, registra bajísimas cifras de procesados con medias quinquenales de menos de ocho personas. La segunda constituye el punto álgido de la brujomanía en la década de 1600 a 1610 -Ios años anteriores a los procesos de Zugarramordi-, con un total de 60 procesados en Cataluña y 36 en Valencia.
  La tercera etapa cubre el largo período 16101660 con un ritmo procesal medio de unas 15 víctimas por quinquenio en Cataluña y 12 en Valencia, destacando en el Tribunal de Valencia la total dedicación de la Inquisición en la década 1610-20 al problema moriscos subsiguiente a la expulsión.
  La cuarta etapa cubre la década 1660-70 de nueva intensificación de los procesos a brujas (nada menos que 53 en Cataluña en el quinquenio 1665-70). La última etapa supone el retorno a la habitual cifra de menos de 20 procesados por quinquenio.


Geografia de la brujeria

  
La distribución del delito de supersticiones por tribunales, según J. Contreras, era ésta (9):
  La distribución de este delito revela que los tribunales donde tuvo mayor incidencia fueron los de Sicilia, Logroño, Valencia, Zaragoza y Toledo.
  Pero, sobre todo, se pone de manifiesto que el delito no sólo se adscribe al ámbito en el que tradicionalmente se ha situado la brujería: la amplia franja que va desde los Pirineos catalanes hasta Galicia, pasando por el país vasco-navarro, el Alto Aragón, Cantabria y Asturias.
  Los congresos de brujología sólo se han referido a la brujería vasca, la alto-aragonesa y la gallega (10). y la realidad es que abundaron las brujas en los ámbitos mediterráneos y castellano. Incluso en Andalucía, donde tópicamente se ha venido negando la existencia de brujas, encontramos 309 casos de superstición, entre los que muy probablemente se hallarían procesos por brujería.
  Creemos que ha llegado la hora del estudio exhaustivo de la brujería en sus diferentes áreas geográficas o etnológicas. Por lo pronto aquí vamos a describir las principales características observadas en el ámbito de la Catalunya Nova y el País Valenciano para configurar un tipo peculiar de brujería que más o menos convencionalmente llamaremos modelo mediterráneo de y el País Valenciano para configurar un tipo peculiar de brujería que más o menos convencionalmente llamaremos modelo mediterráneo de brujería.
  Esta brujería se apoya claramente en una cobertura antropológica y socio-económica radicalmente distinta de la del País Vasco (romanización y catolicismo tardíos, supervivencia del matriarcado, grandes ausencias de los hombres-marineros, colectivismo tribal), puesto que surge de una sociedad abierta a lo foráneo, económicamente desarrollada, con un sector secundario y terciario abundantes y con una gran movilidad.
  Es significativo que en la Cataluña del siglo XVII, según Jim Amelang, el 52 por 100 de los matrimonios viven en lugar diferente a sus padres y el 46 por 100 tienen profesiones, asimismo, distintas a sus antecesores.


Tipos de brujería

  
En el caso valenciano merece destacarse que la sociedad se caracteriza por la promiscuidad con los moriscos, que, aunque odiados en lo religioso, salpicarían de pautas de conducta a sus vecinos cristianos viejos. Curiosamente, de los 67 procesados por la Inquisición valenciana en el siglo XVI, 46 eran cristianos viejos y 21 moriscos.
  De los dos tipos que M. Murray distinguió en la brujería (el ritual y el operativo), la brujería mediterránea, evidentemente, abrazaría el segundo. Porque, efectivamente, esta brujería no sería una masoquista delectación de desesperadas soledades, de profundas angustias íntimas,
sino una extravertida y en ocasiones hasta frívola serie de artilugios para dominar la Naturaleza.
  Tres caracteres me parecen particularmente destacables: el feroz individualismo, la concepción popular del diablo y, desde luego, el agudísimo sentido pragmático o funcional de su quehacer.
  El individualismo es notorio. Los sabbat colectivos brillan por su ausencia. El brujo o bruja, puesto que, aunque el sexo femenino fue dominante (las 2/3 partes) no se registró aquí el absoluto monopolio femenino de la brujería que se da en el ámbito vasco-navarro, suele ser un profesional de la brujería que la ejerce muchas veces por encargo, de edad media joven (treintacuarenta años) y que pertenece a una condición socio-cultural media, urbana y gremial, con curiosa abundancia de notarios, mercaderes y clérigos. La bruja de esta zona no es el típico individuo marginado por la sociedad local de otras áreas geográficas: viejas, viudas, mendigos, inválidos...
  El concepto que tienen del demonio las brujas levantinas es singular. Personaje muy familiar, omnipresente, de imagen variopinta y, desde luego, nunca tan siniestra como la que emana de las predicaciones o de la imaginería religiosa del momento.
  La morisca María de Santa Ana, en 1603 lo describía así: Figura de un hombre vestido de negro con un solo ojo en la frente, la cara salida y morena, y tenía no más de siete pelos en cada parte de la cara y ninguno en la punta de la barba y los dientes largos.
  
A Catherina, esclava del astrólogo Jerónimo Muñoz, se le aparecía con las más diversas figuras: Había visto una visión con cuernos y cola larga en figura de hombre y pelo de gato, y le dixo que por qué no le dava crédito, y otras vezes se le aparecía en figura de pescado y de perro y otras de medio hombre viejo cara grande y otras de moco y niño vestido de oro y le dezía que era moro encantado (11).
  El endemoniado de Mas Campeiol en la región catalana de Oix describía al demonio como un jove molt ermós, imagen esta más difundida que la clásica del macho cabrío (12). Desde 1602 y hasta 1608 aparecen frecuentes invocaciones del diablo cojuelo, personaje que Vélez de Guevara haría protagonista de una de sus obras.
  Más que como horrible Anticristo, el demonio es visto como el compañero que resuelve problemas a una sociedad de acusado sentido Iúdico de la vida. En este modelo de cultura popular cada hombre parecía un Fausto dispuesto a usar de la alternativa epicúrea que le brindaba el demonio, sin complejos ni problemas de conciencia, redimidos, cuando los había, a través del abundante uso del confesionario y de la devoción mariana que viene a ser el contrapunto conservador, estable, siempre seguro.



Funcionalidad

  La cobertura teológica e intelectual de estas brujas y hechiceras parece superior a la vasca y, desde luego, se fue enriqueciendo progresivamente. Desde 1620, a la mayor parte de los procesados se les encuentran libros de conjuros, entre los que destacan con frecuencia la Clavícula de Salomón. El procesado más intelectualizado que conocemos fue el estudiante de Gandía Melchor Agramunt, procesado en 1622.
  La comunicación con el demonio se conseguía con los más diversos procedimientos. La gama de hechizos fue múltiple: hincar cinco agujas en una figura previamente confeccionada con cera y aceite, escribir unas letras en hostias con sangre sacada del dedo pulgar de la mano izquierda, matar un pollo blanco y pintar un corazón en una tablilla mojando la sangre con un clavo de cabeza redonda...
  Había una serie de conjuros perfectamente estandarizados, como el de la rodemilla, el del pan y queso, el de los nueve granos de sal, el de la escobilla, el de las havas panescas.
  
El conjuro que aparece más veces repetido es el siguiente: Sobre unas naranxas partidas por medio y puestas al fuego en cada una clábase un clabo y en la naranxa échase aceite, xabón y cal díxese: yo te conjuro por Sant Pedro y por Sant Pablo y por Satanás y por Bercebú, para que ansí como se ablanda esta naranxa al fuego se ablanda el corazón de Fulano y haga lo que deseamos.
  
Otro conjuro para saber cualquier cuestión sobre la que se demanda información: Que se untase la mano de un muchacho o muchacha en la palma con un poco de aceite y si fuese laurel sería mexor y ollín de la chimemea y puesta del sol en parte descubierta dixere ablando con la palma de la mano: yo te conjuro por Sant Pedro y Sant Pablo y por los ángeles y por Sant Silvestre... y que dichas las dichas palabras saldría de allí la persona que quisiere ver y se le preguntase todo lo que quisiere saber (13).
  La brujería, en general, siempre ha sido funcional. Henningsen define la brujería como un sistema ideológico capaz de aportar soluciones a gran parte de los problemas cotidianos (14). Pero el pragmatismo de la brujería que estoy describiendo fue muy diferente al caso vasco.
  En el País Vasco el brujo es visto como la necesaria fuente -perfectamente localizada, identificada y perseguible- del mal doméstico. Es el chivo expiatorio, el contramodelo de lo amoral y maldito, la válvula de escape de la agresividad latente en la sociedad, según la interpretación de Henningsen.
  Como dicen Giordana Charuty y Daniel Fabre en la entrevista citada: La brujería no fue otra cosa que uno de los múltiples efectos del discurso de un poder que se absolutiza, que fundamenta intelectualmente y prácticamente su racionalidad en la exclusión del «otro» que le sirve para defenderse (15).
   Ahora bien, en el ámbito que estudiamos, la funcionalidad de la brujería fue mucho más constructiva, se dirigió hacia el ávido control de la Naturaleza en cuatro sentidos: la salud, el sexo, el conocimiento del futuro y la ambición económica, buscando en ello las alternativas a la medicina académica, al amor conyugal o de algún modo limitado y a las servidumbres del presente y de la pobreza. No hay muestras de la clásica función agraria de la brujería
 propiciatoria de buenas cosechas.


Objetivos básicos

  Sexo, salud y dinero, por este orden, constituían los objetivos básicos de una sociedad impresionantemente vitalista a la que sólo angustiaba el futuro en relación al gran temor: la muerte. Porque, efectivamente, la muerte aquí era entendida no como tránsito, sino como final, como el apocalipsis doméstico, el precio obligado de una vida intensamente vivida y, en definitiva, el reto para el obligado reajuste familiar y social.
  A la muerte no se le dedican aquí las costosas inversiones económicas (lutos, misas, tumbas...) de otras áreas geográficas. La abundante literatura sobre la buena muerte -desde San Vicente Ferrer a Tomás Maluenda- fue devorada por una sociedad que necesitaba una digna salida a la buena vida, una salida en la que se ponía curioso énfasis en la espiritualidad interior como si la religión sólo sirviera para la muerte.
   En contraposición, la brujeríase ponía al servicio de la satisfacción plena y completa de la buena vida, en la que el sexo jugaba un papel trascendental. Son muy escasas las muestras de hechizos para lograr la fertilidad, expectativa muy frecuente en otros ámbitos.
   Aquí, sin embargo, abundan los hechizos amatorios para conseguir el amor de la dama o el caballero indiferente (curiosamente abundan más las mujeres que reclaman la atención de los hombres) o para dotar de beligerancia sexual a la ancianidad.
   La función celestinesca de las brujas contribuyó decisivamente a incrementar la intensa relajación moral que se observa en estos ámbitos. El control de la salud propició el frecuente uso del curanderismo -que en Valencia fue mayoritariamente morisco- con todo tipo de recursos esotéricos que motivaban las iras de la medicina oficial que se vera preterida y acusada sobre todo de matar de hambre y cobrar mucho.
   La ambición económica también exigió la intermediación de la brujería. Las brujas participaron activamente en la busca tan intensa como pintoresca de tesoros, tesoros de los que se dice muchas veces que el demonio tenía guardados para el anticristo.
   El célebre morisco Cosme Abenamir participó en sortilegios y hechicerías a la busca de ansiados tesoros, haciendo venir incluso de la Vall d'Elda a una invocadora de demonios, llamada Nadara, para encontrar un supuesto tesoro que su antecesor había puesto bajo tierra.
   La funcionalidad de la brujería era, pues, patente. Sirve para curar enfermedades, incrementar las relaciones sexuales, generar ilusiones... La Inquisición penalizará la brujería cuando esta funcionalidad quede sin cumplir.
  La alquimia no fue perseguida mientras se creyó -hasta en las altas instancias de la corte de Felipe II- en su viabilidad. Cuando en el siglo XVII la obtención de metal precioso por procedimientos alquímicos se revela imposible, la Inquisición procesa a alquimistas como Melchor Agramunt, porque pretendía hacer plata del azogue, siendo como todo esto es vano y frustratorio, y como tal prohibido por el Santo Oficio.
  
La Inquisición, pues, no parece perseguir ni los medios ni los fines, sino los resultados. A las brujas se les podría perdonar todo o casi todo, menos que fueran inútiles o estériles, que generaran frustraciones.



NOTAS

  (1) La obra de Ciruelo se ha reeditado con el titulo: Las ciencias ocultas. Ensayo sobre magia. Los prodigios y los milagros, Barcelona, 1965
  (2) La alusión a Tostado puede verse en C. Ginsburg. / benandanti, Turín, 1966. Sobre la actitud de Valdés, vid González Novalín, J C, El Inquisidor General D. Fernando de Valdés, Oviedo, 1968, pág. 63
  (3) J. Caro Baroja, Inquisición, brujería y criptojudaismo, Madrid, 1970, y G. Henningsen, Alonso de Salazar Frías Ese
famoso inquisidor desconocido Homenaje a Caro Baroja, Madrid, 1978, págs. 581-586
  (4) A. Pladevall, Persecució de les bruixes a les comarques de Vic a principis del segle XVIII, Barcelona, 1974
  (5) J. Contreras,
«las causas de fe en la Inquisición española», 1540-1700, «Análisis de una estadística», Simposium Interdisciplinario de la Inquisición medieval y moderna, Copenhague, septiembre de 1978
  (6) J. Caro Baroja, El señor Inquisidor y otras vidas por oficio, Madrid, 1970, 171-197
  (7) J. Delumeau, La peur en Occident, París, 1978, página 456.
  (8) Los datos relativos a Cataluña se los debo a José Luis de la Torre, el mejor conocedor de la brujería catalana.
  (9) J. Contreras, Las causas de fe... Se observa cierta disonancia en las cifras totales y las específicas de cada tribunal que da el propio Contreras La suma global que se deduce de los procesados por brujería en cada tribunal es de 3850 y no las 3.687 que el propio Contreras le atribuye en otro capítulo de su trabajo
  (10) En San Sebastián, en 1972, tuvo lugar un importante congreso sobre brujología. Las ponencias se editaron en Madrid en 1976. En Nuria se celebró otro en noviembre de 1972 del que no se han publicado sus actas
  (11) Archivo Histórico Nacional (AHN.), lib. 938, I. 197 y I. 346-354
  (12) R Sala i Ganadell,
«L'endimoniat de Mas Camperiol» Anals del Patronat d'Estudis Historics d'Olot. i Comarca, 1977-8
  (13) A.H.N. legs 528/1 y 528/4. Sección Inquisición.
  (14) G. Henningsen, The witche's advocat, Nevada, 1980 Inmediata publicación en Alianza Editorial
  (15) La entrevista se ha reeditado en catalán en la revista L'Avenç, num 44, diciembre de 1981, págs 66-74.

Videos de Magia

Aqui encontraras videos de magia muy buenos, algunos son explicativos otros solo son de muestra. Colocamos videos de todos los estilos de magia tales como magia con monedas,cartas, levitacion, desaparicion entre otros.


Trucos con Monedas

En esta sección encontraras algunos trucos que puedes realizar con monedas

Desaparicion con complice
Preparacion/Explicacion:
Tienes que tener un complice y un pañuelo Diregete al publico con una moneda y metela debajo de un pañuelo, pasala por varias personas y diles que toquen la moneda por debajo del pañuelo para que vean que esta ahi ve pasandola para que todos la toquen (el ultimo en tocarla debe ser tu complice y debe guardarse la moneda) y luego con unos pases magicos haz como si desapareciera.

Adivinacion de moneda
Preparacion/Explicacion:
Ten una bandeja mojala con agua fria secala y colocale varias monedas del mismo valor encima. Ve hacia un espectador y te volteas dile que agarre una moneda la marque con un marcador y la encierre en su mano y la apriete (deja que la tenga matenga mucho tiempo asi) luego dile que meta su moneda con todas las monedas en una bolsa. Luego mete la mano sin ver en la bolsa y busca la moneda que este mas caliente, sacala y esta sera la del espectador.

Trucos de magia con Cartas

En esta sección encontraras algunos trucos que puedes realizar con cualquier baraja, están explicados con texto y fotos.

La Carta Chismosa
Preparacion del mazo: Colocas un paquete normal de cartas y saca una carta de un numero bajo por ejemplo el 3 de trebol, entonces desde el fondo del mazo la tercera carta sera el tres y estara volteada con respecto a las demas, (nota si escoges un cuatro la carta volteada sera la cuarta) entonces mete la baraja en estuche y comienza ha realizar el juego.
Saca la baraja del paquete y da al espectador a elegir una carta(ten cuidado, de que no se vea la carta volteada ni que se tome una que este debajo de esta) haz que la ponga encima del mazo luego que realice un corte y lo complete.
Luego extiende la baraja, y aparecer una carta volteada explica que esa es una carta chismosa y que revelara donde esta su carta, cuenta los espacios que diga la carta volteada (ejemplo si es 3 cuenta tres cartas a la izquierda) y esa ser la carta elegida.
Los Ladrones
Agarra los 4 aces y extiendelos en tu mano de la forma en que se ve en la foto los ases tapando tres cartas cualesquieras pareciendo que solo tienes los 4 aces. Explica que son cuatro ladrones y que el mazo es un edificio, cierra el monton y colocalo todo encima del mazo (parecera que pusiste los cuatro aces en el tope pero en realidad estan 3 cartas y abajo los 4 aces).
Ahora di que el primer ladron va al sotano y sacas la carta de arriba supuestamente un As y sin mostrarlos lo colocas dentro del mazo en la parte de abajo


Repite lo mismo con las otras dos cartas pero en otras partes del mazo, luego muestra la carta que esta ahora en el tope un As y di que este es el ultimo y que se quedara vigilando, luego explica que vino la policia y por arte de magia los otros 3 ases vuelven a subir.

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